En una tierra a la que la única cosa que me une es frágil, más me valdría salir corriendo, cojer la maleta sin encomendarme a dios ni a su madre para no volver. Sentir el viento aclarando las ideas, la lluvia quitando las penas acomuladas, el fuego de quién es capaz de hacerte reír en el peor de los casos, la tierra que me vio nacer y que me ha dado consuelo cada vez que lo he necesitado.
Puede que algún día cumpla mi amenaza, cuando mi paciencia sobrepase el límite. Ese será el día dónde mis deseos pesarán más que los del resto, ese día mis necesidades se antepondrán a las otras, nadie será más importante que yo.
Mientras tanto, seguiré pidiendo billetes de ida y vuelta.
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